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Mac Demarco a través del tiempo

Ilustración de Mac Demarco

Hace unos años, durante mi etapa universitaria, la breve discografía de Mac se propagó por todas las carpetas de mi archivo musical como un incendio imparable. Fue instantáneo, me atrapó su combinación ganadora de riffs melódicos cercanos a los del veterano Johnny Mar, líneas de bajo saltarinas con luz propia y sintetizadores de textura nostálgica, y todo esto recubierto de un barniz juvenil y suburbial.

Desde entonces «la receta del éxito» se ha convertido en un procedimiento básico a la hora de componer para toda una generación de nuevos músicos aspirantes. A lo largo de la década pasada la escena independiente vivió un exceso de propuestas clónicas abanderadas bajo la nueva etiqueta musical «bedroom pop». Sin embargo, el tiempo transcurre incluso para los iconos más sumergidos en las bondades de la juventud, y sería ilógico que el discurso de Mac no sufriera ciertos cambios.

Es innegable el valor de los artistas que​ prueban nuevas estrategias aunque ,personalmente, lo aprecio más cuando se trata de una evolución honesta,  es decir, madurar tras él deseo de expresarse e ir superando poco a poco las pequeñas barreras que todo buen criterio desvela progresivamente, y por supuesto, es un placer cuando se mezcla con cierto virtuosismo.

Considero los álbumes This old dog yHere comes de Cowboy  los primeros peldaños en la escalinata emocional del músico hacia la edad adulta.

Nos muestran a través de sus letra y melodías, una faceta más contenida y reflexiva, aunque por momentos se difumina tras determinados destellos del pasado que todavía identifican su sonido como artista, siendo este contraste, un vestigio fundamental en la “renovada” iconicidad del músico.

Aun así, la honestidad, aunque preciada en gran medida en los tiempos que corren, para algunas personas podrá ser demasiado amarga. Una guinda inusual sobre el dulce más popular en la carta independiente.

Es una sensación parecida al abrazo contenido de alguien al que rodeas con mucha más fuerza entre tus brazos. Puede ser comprensible e incluso mucho más comunicativo en determinados momentos, pero menos accesible, por supuesto. Al fin y al cabo, Mac es el colega al que siempre da gusto escuchar, y quizás, esa madurez es el mejor síntoma que podría mostrarnos.